EDITORIAL

Somos lo que comemos


El paradigma de la alimentación ha venido cambiando hace ya varios años. Elegir una dieta rica y balanceada es hoy en día, un pilar clave en la búsqueda por mejorar nuestra calidad de vida y cuidar nuestra “casa”: nuestro cuerpo.

Es aquí donde el tema de la inocuidad de los alimentos cumple un rol importantísimo, porque solo si podemos garantizarla, podremos hablar de seguridad alimentaria.

La salubridad de los alimentos debe estar presente en los distintos eslabones que hacen a la cadena. Desde el origen, la producción en el campo y en las chacras, hasta el plato del consumidor. Son responsabilidades compartidas que deben ser concatenadas, unas con otras, entre todos los que somos parte.

Actualmente contamos con herramientas que nos pertimen saber si las condiciones de lo que comemos son aceptables. Podemos, desde el lado de los consumidores, conocer qué contiene en exceso (a través de la etiqueta frontal), la tabla nutricional, la lista de ingredientes, cuando fueron elaborados, cuando vencen, etc.
Del mismo modo es clave prestar atención a las condiciones ambientales y de seguridad de los comercios donde los adquirimos y que las marcas que elegimos nos garanticen la calidad.

Es sumamente importante poner más enfasis en aquellas categorías de productos más sensibles a ser contaminadas. Por ejemplo los chacinados y conservas caseras que no cumplen con los protocolos de higiene resultan muy riesgosos. Pueden generar intoxicaciones severas producidas por botulismo e incluso hasta ser mortales. O también, el caso de las achuras en mal estado que fue tan renombrado en los medios hace un par de meses y por el que murieron dos hombres por contraer leptospirosis y salmonelosis.

Incorporar como rutina diaria hábitos de higiene en cada hogar permitirá que el “eslabón” final -nosotros- complete la cadena de cuidados de forma óptima. Teniendo en cuenta, a vez, el valor nutricional a la hora de elgir uno u otro suma mucho valor a nuestra calidad alimentaria y en consecuencia a nuestra salud.

Sin embargo, hay cuestiones estrictamente de la producción que son desconocidas por el consumidor y que deben ser garantizadas por quienes se ocupan de producir y comercializar este tipo de productos y la cuestión prioritaria es, sin lugar a dudas, la inocuidad.

En relación a esto, las empresas alimentarias deben aplicar sistemas de gestión de la inocuidad que sigan los principios del análisis de peligros en puntos críticos de control con el fin de gestionar los riesgos que puedan afectar a la calidad de los mismos y evitar que se contaminen.
Estos sistemas de gestión de los alimentos se basan en programas de requisitos previos que incluyen buenas prácticas tales como: una higiene correcta, contar con zonas específicas de elaboración de alimentos, tener protoclos de cuidado en el almacenamiento, la distribución y transporte, entre otros.
En nuestro caso, desde Amerex, ademas de contar con prácticas que son auditadas por reglamentaciones internacionales que dan garantía de la calidad y la salubridad de los productos que comercializamos, nos interesa ofrecer alternativas biológicas y orgánicas que aporten a la conservación de los productos elaborados por nuestros clientes.

Para finalizar, y haciendo referencia al título, hay cuestiones que a pesar de los siglos no pierden vigencia y hoy más que nunca nos resuenan o al menos deberían. Tal es el caso de la frase que en 1850 Ludwig Feuerbach - filósofo alemán-dijo: “Somos lo que comemos”. El origen de este comentario tuvo que ver con su preocupación por los malos hábitos alimentarios de los sectores más desfavorecidos y el impacto en la salud.

No pareciera que haya pasado tanto tiempo…no?

Tomemos nota principalmente los que somos parte de la industria alimentaria, los primeros eslabones de la cadena. Prioricemos y garanticemos la calidad, para que luego cada uno pueda hacer lo suyo.